Iglesia Cristiana Evangélica en Munro

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Como viendo al invisible.

“Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al invisible” (He. 11:27)
El descanso de la fe produce la valentía del creyente. Moisés fue un creyente en peligro. El versículo hace referencia a algún momento especial de su vida. Pudiera ser la huida a Madián después de la muerte del egipcio, o podría ser también la salida de Egipto con todo el pueblo liberado de la esclavitud por el poder de Dios, en cuyo caso la ira de Faraón se echa de ver en la disposición a tomar su ejército y salir en persecución de los que iban ya por el desierto camino de la tierra prometida. Cualquiera que fuese la experiencia a la que se refiere el texto, no cabe duda que si hay algún relato bíblico lleno de dramatismo, problemas, dificultades, desesperanza e incluso desaliento, esa es la historia de Moisés. Cuarenta años en Madián pastoreando las ovejas de su suegro Jetro, donde los años iban sucediéndose sin que Moisés pasara de ser un extranjero en aquella tierra, sin futuro alguno –humanamente hablando- que pudiera darle algún motivo de esperanza. Luego el tiempo en Egipto previo a la liberación del pueblo, donde fue cuestionado e incluso rechazado por sus propios hermanos que no creían en él. Más tarde el conflicto frente al mar, rodeado del desierto y con los ejércitos de Faraón tras ellos. ¿Qué podemos decir de las angustias de los años de peregrinación? Sufrió de las críticas del pueblo, de la murmuración de su hermana, de la maldad de los idólatras, de la abierta oposición y rebeldía de muchos. Su situación llegó al límite de no poder soportar la carga y pidió a Dios que le quitase la vida. Nadie de nosotros podrá compararse con él en cuanto a sufrimientos y dificultades. Sin embargo, el secreto de Moisés descansaba en su fe, ya que se sostenía “como viendo al Invisible”. Es una referencia a Dios trascendente  “el que habita en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver jamás” (1 Ti. 1:17). El Invisible se le había manifestado en la zarza que ardía sin  consumirse. Allí pudo oír Su voz, pero no podía verlo. Este Invisible se hace visible por la fe. Fue esa visión de fe que lo sostuvo durante los cuarenta años en Madián. Dios le manifestó la gloria de Su presencia, que trajo a él fuerzas renovadas y firmeza para caminar en medio de la dificultad y el conflicto. Cada jornada del camino, en el largo período de peregrinación, se convertía para él en una experiencia de victoria, donde otros sólo verían derrota. Cuando necesitaba aliento lo recibía del Señor; si se sentía solo la presencia del Invisible le rodeaba con su compañía; cuando era rechazado y cuestionado, el Señor a su lado le alentaba diciéndole que no le rechazaban a él, sino al Invisible que lo había puesto a Su servicio. Sólo dependía por fe de aquel que siendo Dios era capaz de cumplir todas Sus promesas. Esta es también mi gran necesidad hoy. En medio de un  mundo sin horizontes ni ilusiones, en pruebas, conflictos, dificultades, angustias y lágrimas, necesito levantar una mirada de fe para que, viendo al Invisible, pueda sostenerme y seguir adelante. Oh, Señor, que mis ojos de fe sean abiertos y que toda la gloria de tu Persona llene mi alma. Te anhelo. Se propicio a mi necesidad.