Iglesia Cristiana Evangélica en Munro

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Poderoso para socorrer.

“Por cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (He. 2:18)
La experiencia de Jesucristo en la obra de salvación es singular: “pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado”. Lo que no era posible en su Deidad, vino a ser experiencia en Su humanidad. Como hombre soportó las pruebas de los hombres y sus situaciones humanas vinieron a ser Suyas. El término traducido como tentar, es también probar. Ambas experiencias fueron propias del Señor. Luego de Su bautismo, fue llevado al desierto y allí tentado por el diablo (Mt. 4:1). Durante Su ministerio fue también tentado por Satanás que procuró impedir que Su fidelidad no se llevase a cabo sujetándose plenamente al plan de Dios para salvación, por esa razón reprendió a Pedro que utilizaba las palabras insinuantes del tentador (Mt.  6:23). Pero, no sólo las tentaciones, sino también las pruebas, los conflictos, las penurias de los hombres, fueron Su propia experiencia. Esto nos trae una seguridad admirable ya que el Hijo de Dios, Salvador, “es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Es poderoso para hacerlo porque es Dios, pero también por Su experiencia como hombre es capaz de entender la situación del que es tentado o del que está en una prueba y socorrerle. Él es quien al comprender plenamente cada situación, no sólo como Dios, sino desde la experiencia humana, puede prestarnos la ayuda oportuna para cada caso y para cada dificultad. El Señor conoce por Sí mismo la situación en que me encuentro y sé que es poderoso para prestarme la ayuda necesaria a fin de que me pueda mantener firme sin ser derrotado. Puede ser que esté experimentando la tentación, puede ser que esté pasando por una prueba que agite mi vida, pero, en cualquier caso tengo aquí una admirable provisión para mi necesidad. ¡Oh, sí, que bendición! Tengo un intercesor que pasó por las dificultades y tentaciones por las que yo paso, venciendo sobre ellas. El Señor no promete quitar la carga de la aflicción, pero da mayor gracia, porque se compromete en sostener al cargado para que sea capaz de llevar su carga (Sal. 55:22). Las palabras del apóstol Pablo, son el mejor resumen para esta verdad: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13). Puede que se trate de pruebas o de tentaciones, bien sean aflicciones o seducciones. Las dificultades son humanas, o sea, comunes a los hombres y  adaptadas a lo que pueden soportar. Además, Dios es fiel, por tanto, Su actuación estará regulada por Su fidelidad y no permitirá una prueba mayor que las fuerzas para soportarla. Dios promete dar salida, esto es, liberar del cerco de la prueba. No hay promesa de eliminar la prueba, pero sí de dar suficiente resistencia para soportarla. La salida tiene que ver con mantenerse firme (Jud. 24). Tal vez en las pruebas y mucho más en las caídas, puedo no ser comprendido ni ayudado por mis hermanos, pero siempre lo seré por mi Señor. Puedo descansar seguro porque tengo la certeza de que Él es poderoso para socorrerme siempre.